sábado, 29 de enero de 2011

Claves para vivir amores sólidos (no líquidos)


1. AMOR PERSONALISTA (no utilitarista):
La primera clave es la entrega de sí al bien objetivo de la persona que se ama. La dignidad de la mujer y el hombre, en tanto personas humanas, reclama que el trato justo entre ellos no sea la utilización en pro del propio placer o bienestar (tranza, consumo de pornografía, prostitución), sino el don de sí recíproco a sus personas femenina y masculina. Un varón y una mujer son alguien, no algo. Alguien con corporeidad e intimidad o interioridad, alguien con autodeterminación (dueña de sí misma) y alguien inalienable (nadie puede conocer, decidir y querer en su reemplazo).
El amor personalista recíproco es la respuesta de una persona al valor integral de otra, ¿cuál respuesta? la afirmación, en otras palabras, la promoción de lo propio de esa persona, en orden a su desarrollo y maduración integral; y sobre la base la aceptación de su corporeidad e intimidad personal con sus fortalezas y debilidades.

2. AMOR COMPLEMENTARIO (no igualitarista):
La segunda clave del amor sólido es atender, entender, conocer, aceptar y respetar la diversidad del hombre y la mujer sobre la base de su igual dignidad: diversidad sexual natural física, afectiva y espiritual, diversidad de temperamentos y personalidades, diversidad de gustos, diversidad de vocación profesional, etc. Saber manejar las diferencias resulta clave para un amor sólido. No aceptar la persona humana de quien nos enamoramos, con sus fortalezas y debilidades, y no respetar su diversidad complementaria, conduce a un amor líquido o potencialmente muy conflictivo.

3. AMOR ENTERO O ÍNTEGRO (no reducido):
La tercera clave es amarse, el hombre y la mujer, con todo lo que son. Varón y mujer son cuerpo y espíritu; luego sus sensualidades y afectividades deben ser inteligentes y sus inteligencias afectivas y sensuales. En el fenómeno del amor sexuado hay algo que nos pasa: dinamismo físico-corpóreo (la atracción, los impulsos) y el dinamismo psíquico sensible (las emociones, los sentimientos); y también hay algo que hacemos que pase con la inteligencia y voluntad (los actos de entrega o don de sí: esfuerzo por el otro, renuncias, cesiones, servicios, regalos materiales y espirituales). Vivir amores reducidos al sólo aspecto pasivo o al sólo aspecto activo también conduce a amores líquidos, frágiles, precarios; ya que ambos aspectos del amor son necesarios y el amor pasivo se cuida y alimenta con el amor activo voluntario del don de sí.

4. AMOR INTEGRADO (no fragmentado):
La cuarta clave es amar la mujer y el hombre con todo lo que son pero adecuadamente integrado: inteligencia y voluntad gobernando a la sensualidad (reacción a los valores del cuerpo de la otra persona) y a la afectividad (reacción a los valores de la entera persona femenina o masculina del otro/a). Gobernar no es mutilar ni suprimir sino guiar, conducir, encauzar. Con la inteligencia puede advertirse todo el bien objetivo de la persona que se ama, y no sólo lo que se presenta como bueno a los propios sentidos. Precisamente, porque ve más, la inteligencia debe gobernar al aspecto pasivo del amor. A veces, le dará luz verde, otras amarilla y otras roja a las inclinaciones sensuales y afectivas. Amores fragmentados en los que la conducta es regida sólo por impulsos, emociones y sentimientos; o sólo para la inteligencia, conducen también a amores líquidos, frágiles y precarios. La integración de la sensualidad y la afectividad en la racionalidad, se hace posible, incorporando valores en forma de hábitos a la personalidad (virtudes). El justo, el prudente, el fuerte, el templado, el honesto, el sincero, el generoso, el leal, el fiel, tiene más posibilidades de ser feliz y de hacer feliz a quien ama, ya que la vivencia de valores le permite el dominio de sí y facilita y hace posible el don de sí.

5. AMOR MADURO (no estancado)
La quinta clave de un amor sólido es evitar estancarse en la dinámica espontánea y fácil del enamoramiento en su fase inicial (el flechazo), la que parece no requerir esfuerzos, y avanzar a través del noviazgo a la plenitud posible en el amor: ser comunidad. Esa plenitud reclama acciones habituales de conocimiento o encuentro en sus intimidades personales (pensamientos, sentimientos, sueños, ideales, vocación), entendimiento, conservación, desarrollo y restauración de la relación ante su conflictividad normal. La dinámica natural de un amor maduro invitará a constituir (luego de un noviazgo donde se ha evaluado la posibilidad de vivir un proyecto de toda la vida con la persona de quien uno se ha enamorado) una comunidad de amor, la que representa la mayor madurez posible entre la mujer y el varón. En efecto, las invitaciones del enamoramiento, pueden concretarse en las siguientes tendencias: con vos, sólo con vos, siempre con vos, dándote lo mejor de mi a vos y procreando todo con vos (también en el momento oportuno a un nuevo ser humano). Para “ser” esa comunidad de vida y amor, previamente, un hombre y una mujer, deben llevar a la existencia entre ellos una medida de unión total en tanto varón y mujer, a través de una entrega comprometida recíproca de la total masculinidad y feminidad de sus personas. Esa entrega total concreta la medida total de unión a la que les invita el enamoramiento y sus tendencias antes consideradas. Dicha entrega total que se realiza con un acto de voluntad es, precisamente, casarse. El matrimonio es, en consecuencia, la unión auténtica y natural a la que invita la naturaleza. No casa el papel, la ceremonia o ninguna autoridad civil o religiosa, aunque estas realidades son necesarias por publicidad y seguridad jurídica.
Amar maduramente es ser comunidad de amor, es decir, dos personas recíprocamente entregadas para ayudarse a desarrollar su bien objetivo. El amor verdadero invita al tipo sólido de unión matrimonial y no a una unión líquida, incierta, pasajera, egoísta, promiscua y descomprometida. La unión sólida del matrimonio genera más posibilidad de felicidad !!!

Cristián Conen

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